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Juan F. Ruiz López

Cuenca, 2017. Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, 370 pp.

En un territorio editorial marcado por la discreción tipográfica y la modestia de la envoltura visual, sorprende la irrupción de un volumen que ofrece todo lo contrario: una magnífica factura, un alarde de composición y diseño, un esplendor fotográfico que puede llegar a deslumbrar, haciendo pasar a un segundo plano lo que realmente importa, esto es, el contenido. El título es suficientemente explícito, como también lo es el subtítulo, donde se mencionan los lugares depositarios de ese bien inconmensurable que es el repertorio de abrigos rupestres distribuidos por la Sierra de las Cuerdas, en la provincia de Cuenca: Villar del Humo, Pajaroncillo, Henarejos y Boniches, abanico en el que, como es de sobra conocido, destaca por su importancia y significación el primero de los lugares mencionados que, a la vez, fue también el punto de arranque, hace ahora 100 años, en la formación de ese catálogo de recintos prehistóricos en los que el ser humano empezó a dejar huellas visibles de su presencia en estas tierras.

El trabajo que ahora ve la luz en forma de libro es, inicialmente, una tesis doctoral realizada con sumo detenimiento y laboriosidad entre 2004 y 2006 por Juan F. Ruiz López, natural de Villar del Humo y profesor de la Universidad de Castilla-La Mancha. Aunque para su traslado al libro el contenido (y el volumen) han debido ser reducidos de forma notable y aunque también el autor ha intentado aligerar el estilo propio de una tesis doctoral, es obvio que el resultado final está mucho más cerca de la exposición científica que de la divulgación populizadora, lo que limita de madera notable la difusión que espera a este volumen, cuyo texto no siempre resulta fácilmente asequible para un lector de tipo general. La abundancia de ilustraciones y la orientación didáctica de las numerosas fichas explicativas servirán, sin duda, para compensar esa dificultad, de la que el autor es consciente, cuando en el texto de introducción asegura haber intentado limitar la terminología científica “por mi voluntad de que este trabajo contribuya a que estas pequeñas maravillas, milagrosamente conservadas en nuestra Serranía, puedan ser apreciadas por un público mucho más amplio del que lo hace actualmente”.

Dejando aparte estos matices, a fin de cuentas anecdóticos, lo que importa es el libro en sí mismo, del que se puede decir, con toda firmeza y sin matices, que es obra de considerable importancia en el conjunto de la bibliografía provincial. Desde los primeros descubrimientos de los abrigos de Villar del Humo, en el ya lejano año de 1917, por Enrique O’Kelly, explicados de forma reiterada en diversos trabajos, hasta el momento presente, se ha recorrido un largo y fructífero camino en el conocimiento de la riqueza patrimonial que ofrece el arte rupestre en ese sector de la Serranía de Cuenca, que Juan F. Ruiz recorre con parsimonia, siguiendo paso a paso un recorrido tan lleno de sugerencias que el lector, en no pocos momentos, siente el latido apasionado de la cultura primigenia que habitó en estos lugares y dio forma a la expresión de sus más íntimos sentimientos en forma de pinturas sobre la propia roca. Hay, siguiendo una metodología clásica, una primera descripción del territorio considerando sus aspectos físicos tradicionales (orografía, hidrografía, geología, clima, fauna y flora) y una síntesis de las cuestiones históricas vinculadas a la época prehistórica en que han sido datados los abrigos para pasar luego a una exposición de carácter general sobre las características del arte rupestre levantino.

La parte más interesante, diríamos que muy interesante, ocupa el cuerpo principal del volumen, mediante un seguimiento exhaustivo, muy detallado, de cada uno de los abrigos catalogados en la Sierra de las Cuerdas, empezando por los de Pajaroncillo y Boniches para seguir con el grupo más numeroso y, sin duda, más significativo, el situado en el término de Villar del Humo, donde se encuentran además los mejor conocidos, Selva Pascuala, Rambla del Anear, Peña del Escrito, Collado del Toro, Marmalo y tantos otros que forman ese riquísimo a la vez que maravilloso mundo de encantamientos en cuya contemplación algunos hemos invertido tantas apasionantes horas, intentando leer lo que las toscas imágenes de las pinturas pretenden hacernos llegar desde la profundidad de los tiempos. El recorrido culmina con los abrigos del Rodenal de Henarejos, no por menos conocidos carentes de interés.

Volviendo al inicio de este comentario parece conveniente señalar la importancia de una publicación que afronta, desde la seriedad y el conocimiento, la difusión de un aspecto capital de la cultura propia, la de estas tierras, aunque no limitada a ellas. Estos abrigos, estando y siendo de Cuenca, tienen la consideración de Patrimonio de la Humanidad y ello los hace trascender de nuestro limitado ámbito geográfico, en el que se inscriben, desde luego, para orgullosa satisfacción provinciana.

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