DÍAZ, Juan (Ioannes Diasius)

Cuenca ¿1510? / Neuburg and der Donau, Alemania, 27-03-1546

Escritor heterodoxo sobre el que se conocen pocos datos biográficos de su etapa inicial, aunque se sabe que pertenecía a una familia de la alta sociedad conquense, con varios miembros destacados, entre ellos los Valdés, con quien emparentó al contraer matrimonio una hermana suya con Andrés de Valdés. Estudió Latinidad, Artes, Filosofía y Teología en la Universidad de Alcalá, donde con toda seguridad empezó a sentir la influencia de las ideas religiosas que estaban ya alimentando la Reforma, lo que debió ocasionarle los inevitables problemas que le aconsejaron abandonar España, a donde no volvió nunca.

En 1533 ya se encontraba en París para ampliar estudios de latín y griego, aprendiendo también hebreo y aunque no hay datos precisos sobre su actividad en esos años sí resulta evidente que en 1541 formaba parte de los círculos intelectuales más progresistas manteniendo relaciones con los movimientos religiosos impulsados por los protestantes. Precisamente esta tendencia ayuda a comprender su interés en conocer los idiomas originales en que se escribieron las primeras obras cristianas, buscando la verdad en las fuentes originales. Este análisis le llevó a formular sus primeras críticas hacia la doctrina oficial propugnada por la Iglesia, especialmente en cuanto a lo referente a la gracia espiritual.

En la primavera de 1545 llegó a Ginebra donde entró en contacto primero con el hebraísta Matthieu Budé y después con Calvino, al que posteriormente escribiría varias cartas; meses más tarde, ese mismo año, viajó con Claude de Senarclens (en realidad, un seudónimo de Francisco de Enzinas) a Estrasburgo ciudad en la que ambos activaron sus relaciones con destacados intelectuales y universitarios.

Fue en esta ciudad donde Juan Díaz hizo públicamente profesión de fe reformada, ganando la confianza de Martín Bucero, quien lo incorporó como su secretario para acompañarle a la Dieta convocada por Carlos I en Ratisbona para intentar alcanzar un acuerdo o compromiso entre católicos y protestantes, reunión en la que Díaz se sentó junto al también español Pedro de Maluenda, dominico, con el que anteriormente había coincidido en París. En esa situación, la noticia de su compromiso con los reformistas provocó la alarma familiar, lo que impulsó a su hermanastro mayor, Alonso, que se encontraba en Roma como abogado del tribunal de la Rota a viajar junto con el sobrino de ambos, Juan Alonso de Valdés rápidamente a Ratisbona para intentar convencerlo, no solo de que su actitud le sería perjudicial a él sino que también podría afectar al conjunto familiar. El intento, que tuvo un primer resultado optimista, se frustró por la intervención de Bucero que consiguió de Juan Díaz una reafirmación de sus compromisos. De esa manera, los llegados desde Cuenca decidieron emprender el regreso pero en un momento de clara ofuscación, aunque hicieron intención de alejarse de Neuburg, se alojaron en una posada cercana, compraron un hacha y volvieron a la ciudad entrando en la habitación en que sorprendieron a Juan y lo mataron, clavándole el arma en la cabeza y otras partes del cuerpo.

Los asesinos huyeron pero fueron capturados y encarcelados en Innsbruck, lo que ocasionó un primer conflicto acerca de a qué jurisdicción debía corresponder el juicio. Alonso Díaz argumentó que estaba al servicio del emperador y por tanto no podía ser juzgado, de manera que en un proceso claramente manipulado la causa fue sobreseída y en pocos meses quedaron en libertad, mientras la noticia del crimen corría por toda Europa y alimentaba la propaganda contra el catolicismo además de incrementar la leyenda sobre la España negra e intolerante.

El relato detallado de este suceso fue escrito por Francisco de Enzinas bajo el título Historia vera de norte sancti viri Ioannis Diazii Hispani, que solo se tradujo al español en 1865 y del que hay una edición moderna de Ignacio Javier García Pinilla: Verdadera historia de la muerte del santo varón Juan Díaz, por Claude Senarclens (Cuenca, 2008, Universidad de Castilla-La Mancha).

El episodio había sido recogido por Mártir Rizo en su conocida Historia de la muy noble y leal ciudad de Cuenca (1629), p. 309, con una levísima alusión a “el doctor Alonso Díaz, que mató a su hermano por auer faltado a nuestra verdadera religión” y ello en un apartado dedicado a reseñar “Personas santas y de loable vida”, esto es, el historiador ensalza la actitud del asesino, como autor de un acto en defensa de la religión. Los demás historiadores habituales de Cuenca (Mateo López, Muñoz y Soliva, Torres Mena) pasan por alto esta cuestión.

Parece que Juan Díaz fue un escritor prolífico pero la mayoría de sus obras se ha perdido. Sus biógrafos mencionan unos Comentarios a Isaías que regaló a Wolrad von Waldeck, una serie de notas teológicas que entregó a Enzinas, una gramática hebrea y unos “Collectanea theologica”. Entre los textos conservados figura una colección de 14 cartas y, especialmente, el libro Christianae religionis summa (1514) su única obra impresa. Se trata de un análisis de las teorías de San Agustín, pero desde la interpretación protestante que le sirve para llevar a cabo un acercamiento a la teología escolástica insistiendo en los conceptos vinculados a la capacidad redentora de la fe, de acuerdo con el principio luterano de que ese es el principal vehículo para alcanzar la gracia de Dios.

Referencias: Ignacio Javier García Pinilla, “Un conquense exiliado: el hebraísta protestante Juan Díaz, pariente de los Valdés”, en Disidencia religiosa en Castilla La Nueva en el siglo XVI; Toledo, 2013; pp. 201-223.