BRIONES GONZÁLEZ, Carlos

Puebla de Almenara 23‑03‑1941 / Madrid, 16-06-2006

Periodista. Comenzó su actividad en las páginas de Ofensiva, en Cuenca, de donde pasó a Madrid y entró en el terreno de la especialización en temas taurinos, tendencia que le llevó a incorporarse a la redacción de El Ruedo. Estaba ocupando la dirección de esta revista cuando fue designado director del diario Mediterráneo, de Castellón, cargo que ocupó en los años 1975-1976 y que abandonó voluntariamente tras haber cubierto las informaciones referentes a la muerte de Franco y la llegada de la incipiente democracia. Regresó a Madrid y se incorporó a la redacción de Pueblo, la histórica cabecera vespertina dirigida por Emilio Romero que se vio obligada a cerrar al establecerse la democracia. En esa tesitura, Carlos Briones volvió a la cadena ahora llamada Medios de Comunicación Social del Estado, que lo envió como director al diario Jaén, donde se hizo muy popular a través de un comentario diario que, en forma anónima y desde la Página Tres, en el que analizaba las cuestiones de la actualidad, además de colaborar frecuentemente en los demás periódicos de la cadena mediante trabajos difundidos por la agencia Pyresa. En la ciudad andaluza se encontraba cuando se produjo el intento de golpe de Estado del 23-F. A continuación, el gobierno del PSOE liquidó de mala manera la cadena estatal y sus miembros tuvieron que repartirse por el territorio nacional, como mejor pudo cada uno. En este nuevo periodo, fue nombrado asesor taurino del Ministerio del Interior. Su labor más destacada fue, durante la gestión de José Luis Corcuera, el nuevo Reglamento Taurino considerado un auténtico bodrio por los especialistas, críticos y aficionados, aunque defendido calurosamente por ganaderos y toreros y que no fue admitido de buena gana por el siguiente ministro, Juan Alberto Belloch.

El reglamento, según los expertos, consagra el fraude y la manipulación de los astados, mediante la bendición de las maniobras de afeitado. A primeros de diciembre de 1994, el nuevo ministro del Interior, Juan Alberto Belloch, manifestó a un grupo de periodistas especializados su propósito de acabar con las corruptelas introducidas por el Reglamento, lo que suscitó la inmediata alarma de ganaderos y toreros, felices con la degradación de la fiesta: «Cuando un torero le muerde el cuerno a un toro, o lo monta a caballo, y el toro no dice ni mu, es que aquella fiesta que llamaron brava, fiesta del arte y del valor, se ha convertido en una pamema. Una pamema carnicera y denigrante, por supuesto« (Joaquin Vidal, El País, 13-12-1994)