ALBAICÍN, María

Josefa García Escudero

Chillarón, 23-12-1902 / Passy, Haute Savoie, Francia, 11-08-1931.

Desde muy pequeña, Josefa se sintió atraída por el baile, llegando a ser una de las primeras bailaoras profesionales que bailó por farrucas. Hija de Agustina Escudero Heredia, modelo de artistas conocida como La Reina de los Gitanos, la niña entró en el mundo del espectáculo de la mano de Pastora Imperio en el estreno de El amor brujo, de Manuel de Falla, en el teatro Lara de Madrid en 1915. En los créditos aparecía Agustina Escudero Heredia, la madre de Josefa, interpretando a una de las gitanillas, y a su lado el programa detallaba la participación de una tal María Imperio que no era sino su hija, siendo ese, por tanto, el primer nombre artístico con el que se dio a conocer cuando apenas contaba con trece años de edad.      

Josefa se convirtió pronto en una destacada artista a la que se puede encontrar en otros espectáculos de la época con otros dos nombres artísticos: primero el de La Faraónica y, más tarde, el de María de Albaicín que le dio fama internacional y habría de ser el definitivo. Como la Faraónica la retrató al menos un par de veces Ignacio Zuloaga, para quien también posó su madre en varias ocasiones, coincidiendo con el periodo en que el baile español sale del nivel secundario en que se encontraba, vinculado a tablaos de poca monta, para alcanzar una dimensión artística.

Tanto Zuloaga como Manuel de Falla tuvieron en cuenta a Josefa para algunos de sus proyectos durante aquellos años, y fue el pintor el que la puso en contacto en 1921 con Sergei Diaghilev, cuyos Ballets Rusos desarrollaron su actividad y ejercieron una enorme influencia artística en el panorama cultural europeo entre 1909 y 1929; al parecer, fue Diaghilev quien sugirió a Josefa el cambio de su nombre artístico por el de María Albaicín o María de Albaicín, y este apelativo se presentó la joven bailaora en París meses después para, tras conquistar al público francés, llevar su arte al Teatro Prince de Londres, donde triunfó plenamente; se afincó luego en la capital francesa, en la que fue retratada por artistas de la vanguardia, participó en el esplendor de la vida artística y cultural del París de los años veinte y allí conoció en una fiesta al actor Aimé Simon Gérard (o Girard), famoso en aquellos años tras haber interpretado a D’Artagnan en la primera versión muda de Los tres mosqueteros, y con él contrajo matrimonio poco tiempo después.

Convertida ya en una artista de dimensión internacional, María Albaicín cosechó grandes éxitos en Europa (Francia, Inglaterra, Alemania, Suiza…),donde actuó en teatros como el Olympia y se inició también en el mundo de la cinematografía, todavía en la época del cine mudo. Su debut en la gran pantalla lo hizo interpretando a Madiana, la protagonista de Surcouf (1925), una película dirigida por Luitz Morat. Trabajó luego en El gran aventurero (René Leprince). L’espionne aux yeux noires, de Henri Desfontaine,. 1926), La grande amie (Max Rieux, 1926),  Valencia (Jaap Speyer, 1927), El embrujo de Sevilla (Benito Perojo, 1930. El último papel que interpretó María Albaicín en el cine fue el de la bailarina Nadja que aparece en las cintas Gassenhauer y Les quatre vagabonds, ambas de 1931 y que constituyen dos versiones de un mismo filme dirigido por Lupu Pick.

Pero el destino, que parecía dibujarle un futuro prometedor y alegre, decidió actuar de manera contraria y ese mismo año, antes de terminar el verano, el 11 de agost,  María Albaicín fallecía en la ciudad de Passy, en el departamento francés de la Haute Saboie, víctima de la tuberculosis. Su cuerpo descansa en París, junto a su marido, en el cementerio de Batignoles.

Referencias: Joaquín Albaicín, “Vida, leyenda y muerte de María de Albaicín». La Caña de Flamenco, nº 7. Madrid, 1994, pp. 70-76 / Hilario Priego, “María Albaicín, una artista nacida en Chillarón”. Tiempos modernos,1919, núm. 4, pp. 24-27.