OCAÑA, Luis

LUIS JESÚS OCAÑA PERNIA

Priego, 09‑06‑1946 / Caupenne d’Armagnac, Francia, 29-05-1994

De familia de agricultores, era el mayor de los hermanos y emigró con sus padres a Francia en 1957, cuando tenía 12 años. Allí empezó a trabajar como ebanista-carpintero y a correr en bicicleta. Obtuvo en 1961 su primera licencia como corredor cadete aficionado. En 1965 vino a España a correr la Vuelta al Bidasoa; en 1966 fue 5º en el Premio de las Naciones, prueba que ganó en la siguiente temporada, consiguiendo también victorias en la Vuelta al Rosellón y la Vuelta a Bernd. Al año siguiente fue 3º en la Vuelta a Andalucía y corrió por primera vez la Vuelta a España, además de participar en otras pruebas de envergadura: Semana Catalana, Bicicleta Eibarresa, etc. Ese mismo año de 1966 fue campeón de España por regiones, en la prueba celebrada en Munguia (Vizcaya), contra reloj.

En 1968 entra en el equipo español Fagor y en su primer año de profesional gana el campeonato de España y la Midi‑Libre, pero se vio obligado a abandonar en la Vuelta a España. Tuvo mejor suerte en la siguiente edición ya que, aunque no obtuvo el triunfo, si fue el primero en ganancias económicas. En 1970 ganó la Vuelta Ciclista a España y al año siguiente quedó tercero.

Desde 1969 arrastró una mala racha en sus actuaciones en el Tour. En efecto, ese mismo año se cayó antes de comenzar el ascenso al Ballon de Alsacia, aunque pudo terminar la prueba haciendo un tremendo esfuerzo de fuerza y voluntad; en 1970, unas hemorroides le pusieron al borde del abandono, pero soportó el dolor y aún obtuvo el triunfo en la etapa de Saint‑Gaudens, tras una fuga en solitario de 50 kilómetros. En 1971 se apuntó el triunfo en la Vuelta a España, con un minuto de ventaja sobre Agustín Tamames pero en cambio tuvo que abandonar el Tour cuando marchaba líder, con más de siete minutos de ventaja sobre Eddy Merckx a causa de una caída durante el descenso del col du Menté. En 1972, los médicos le prohibieron continuar en la ronda francesa tras llegar al final de una etapa escupiendo sangre, si bien antes se había escapado en la etapa del Izoard, en los Alpes, obteniendo una sustanciosa ventaja sobre su gran rival de siempre, Eddy Merckx. Y al fin llegó su gran oportunidad en 1973, corriendo en el equipo Bic; la carrera comenzó mal para Ocaña, puesto que se cayó en la segunda etapa, al cruzarse un perro en la carretera, pero el mal augurio no continuó: ganó seis etapas, colocándose el maillot amarillo el séptimo día de carrera, conservándolo hasta llegar con él a Paris, el 22 de julio, en una de las más claras demostraciones de poderío y firmeza vistas nunca en la larga historia del Tour. El corredor conquense aventajó en casi un cuarto de hora al segundo clasificado en la general, el francés Thevenet. En 1974, Ocaña no participó en el Tour y en 1975 sí estuvo, pero su actuación fue decepcionante, a causa de su pertinaz mala salud, que se repitió en 1976, cuando tuvo que abandonar por una fístula. Se retiró del ciclismo activo en 1977, aunque siguió ligado a este deporte en funciones técnicas y organizativas, en las que ha sido menos afortunado que sobre el sillín.

El mismo año de su triunfo francés, Luis Ocaña había formado parte del equipo de Castilla -con José Luis Viejo y Jesús Manzaneque- en el campeonato de España por regiones que se disputó en Cuenca, en el que obtuvieron una victoria que estuvo acompañada del entusiasmo general de la afición conquense.

Como director deportivo trabajó para varios equipos. Su carácter adusto, siempre con un punto de amargura, no le hacía precisamente persona adecuada para mantener relaciones cordiales, ni con los directivos ni con los corredores, por lo que, tras varios intentos, abandonó esta tarea en la que no obtuvo ningún triunfo. Mejor fortuna tuvo como comentarista deportivo, trabajando para varias emisoras de radio y TV, sin que tampoco en estos casos la suerte fuera siempre su directa aliada, puesto que sufrió dos accidentes de circulación, resultando con serios daños en su ya maltratado cuerpo.

Hijo predilecto de Priego, recibió el nombramiento en un acto celebrado en la ciudad pricense el 8 de noviembre de 1969. En octubre de 1991 recibió un homenaje de la Casa de Cuenca en Barcelona, coincidiendo con su estancia en la Ciudad Condal para asistir a la histórica Subida a Montjuich. En 1992 su enorme prestigio profesional fue el aval necesario para conseguir la presencia de la práctica totalidad de las primeras figuras del ciclismo español (y extranjeros inscritos en clubs españoles) en la disputa del II Trofeo Luis Ocaña, que se celebró en Cuenca.

Afincado definitivamente en Francia, se dedicó a su gran pasión, el cultivo de vides en la región de Armagnac. En esa vinculación con la realidad francesa protagonizó una triste deriva política, al mostrar en 1998 públicamente su apoyo al ultranacionalista Le Pen, compartiendo las tesis de éste “para limpiar el país y devolverle la tranquilidad”. Esas declaraciones produjeron una gran consternación en el ámbito deportivo, porque Ocaña fue el único de los grandes deportistas residentes en Francia que respondió a la llamada de Le Pen. En una entrevista en El País (19-04-1988) plagada de pensamientos amargos, Ocaña dejaba ver con total transparencia su pensamiento, en el que el miedo era el componente fundamental: miedo a no poder ir tranquilamente por la calle.

En su residencia francesa, en un cobertizo de su finca agrícola, una tarde de la primavera de 1994 se dio un tiro en la sien. El gran solitario, el hombre profundamente triste y serio, ponía fin a una vida de aparentes éxitos y triunfos. En la soledad de su alma se habían acumulado profundas amarguras: la enfermedad que le iba minando, los problemas económicos, quizá la incomprensión familiar. Días más tarde, sus restos, incinerados, fueron trasladados a Cuenca y esparcidos en su tierra natal, en Priego.

Sin embargo, la memoria de Luis Ocaña parece destinada a no descansar. El 21 de julio se hizo público que parte de su familia (la madre, el hijo y sus cinco hermanos) no aceptaba la tesis del suicidio, promoviendo una acción judicial para encontrar al presunto culpable de la muerte. Tal opinión se basaba en distintas apreciaciones personales (no estaba arruinado, no tenía cáncer) y en un hecho objetivo: el ciclista era diestro y, sin embargo, el disparo le entró por la sien izquierda. Por el contrario, la viuda del ciclista y su hija anunciaron discrepar de esta opinión familiar, manteniendo en pie su creencia en el suicidio

En 1996 y coincidiendo con la llegada a Cuenca de una etapa de la Vuelta Ciclista a España, se puso el nombre de Luis Ocaña al complejo deportivo construido en la avenida de los Reyes Católicos, ante el que quedó instalado un busto conmemorativo del gran ciclista.

Referencias: Jean Hatzfeld, entrevista en El País, 19-04-1988 / Christian Laborde, “Ocaña ganó la carrera y la gloria hace 25 años”. El País, 20-07-1998, pp. 34-35 / José Luis Muñoz, “El campeón siempre está solo”, en La memoria colectiva. Cuenca, 1987, pp. 237-248.