Gabino Alejandro Carriedo murió en 1981 y Carlos de la Rica en 1997. Ambos habían sido amigos y colaboradores en tareas poéticas diversas, entre ellas la participación activa, en los años 50, junto con Ángel Crespo, de la corriente literaria conocida como “realismo mágico” que difundieron a través de revistas como El Pájaro de Paja, Poesía de España y Deucalión. Durante los años transcurridos entre las dos fechas citadas, el superviviente, Carlos de la Rica, hizo repetidas (y etéreas) referencias a su proyecto personal de ceder su propia biblioteca a algún organismo que quisiera aceptarla, uniendo a ello alusiones a la posible unificación de sus fondos con los de su amigo Gabino Alejandro Carriedo, lo que podría dar lugar a la formación de un nunca concretado proyecto de instalar en Cuenca una Biblioteca Internacional de la Poesía.
Fallecido el poeta palentino, una buena parte de su biblioteca personal pasó a estar en la vivienda de Carlos de la Rica, en Carboneras de Guadazaón, aunque este episodio, por inconcreto, es difícil de documentar debidamente. Lo que sí es cierto y se sabe es que tras la muerte de éste último, el legado Carriedo, durante muchos meses estuvo almacenado en Cuenca, esperando una decisión en torno a su permanencia definitiva, bien incorporado a la biblioteca Carlos de la Rica en el Seminario o bien a la de la Fundación Antonio Pérez. El relato que aporta el bibliotecario de La Merced, Vicente Malabia comprende la siguiente secuencia de hechos:
“En ningún momento en vida de Carlos de la Rica hay constancia ni en el Obispado ni en el Seminario de su intención de disponer de los fondos de Carriedo. Tampoco el testamento hace referencia alguna a ello. Más bien podría leerse en contrario el punto 3 de la cláusula quinta ya consignado.

Una vez fallecido Carlos de la Rica, por intermedio de Carlos Morales, los herederos de Gabino Alejandro Carriedo manifiestan por escrito al Sr. Obispo, Regidor y Presidente a perpetuidad de la Fundación Carlos de la Rica, su voluntad de donar la biblioteca de su padre para ser incorporada a la de Carlos de la Rica. Se acepta la donación por escrito. La aceptación se hace incluso desconociendo la cuantía de los fondos, su valor, la complementariedad con los fondos de Carlos, etc.
En una reunión de los albaceas y patronos de la Fundación en el Obispado, tras considerar los problemas relativos a la legalización, el Obispo sugirió la posibilidad de que si se presentaban insuperables problemas para la legalización civil, podría estudiarse la posibilidad de iniciar el reconocimiento canónico de la Fundación pues tal condición facilitaría la inscripción en el Registro de Fundaciones de la Consejería de Servicios Sociales. Esta propuesta, formulada en la reunión como simple hipótesis de trabajo de cerrarse otras vías, provocó a los pocos días que uno de los albaceas, al que desagradó la propuesta, iniciara conversaciones con la Diputación Provincial para que se hiciera cargo de la biblioteca de Carriedo. El día 13 de noviembre de 1999 se mantuvo de hecho una reunión en la Fundación Antonio Pérez entre los herederos de Carriedo y diversos representantes de la Diputación para estudiar el asunto.
A los pocos días de esta reunión, el 16 de noviembre, los herederos de Carriedo se dirigen por carta al obispo de Cuenca para manifiestar, entre otras cosas que: “Próximamente la Excelentísima Diputación de Cuenca se pondrá en contacto con un escrito formal con el patronato de la Fundación Carlos de la Rica para integrar el legado de nuestro padre en la Fundación Antonio Pérez. La decisión en este sentido se tomó recientemente en una reunión que se celebró el pasado día 13 de noviembre en los locales de la dicha Fundación a la que asistieron… (siguen los asistentes). Les agradeceríamos, una vez recibieran el comunicado formal de la Diputación nos la hiciera llegar para así de esta manera comprobar si efectivamente la cesión del Legado de nuestro padre conllevará ventajas significativas para la Fundación Carlos de la Rica”.
Desde la Secretaría General del Obispado se contesta a esta carta con fecha 22 de noviembre a la que según fuentes episcopales, nunca llegó respuesta. En este tiempo, en la sala destinada en el Seminario a la biblioteca de Carlos de la Rica se estaban montando estanterías, se colocan libros, se presupuesta la catalogación, etc.
Se publica en febrero de 2001, en la prensa local, un comunicado, un tanto airado, de la Real Academia Conquense de Artes y Letras que es contestado por los responsables de la Biblioteca del Seminario. A la vez, José Luis Jover, hace en El Día de Cuenca, recuento de las conversaciones en Diputación pero sin mencionar para nada la carta de los Herederos al Obispado, que sin duda no conoce. Este relato es contestado y aclarado por el obispado el 7 de marzo. En el Pleno de la Diputación Provincial también se plantea la cuestión de la biblioteca de Carriedo y se refiere al asunto del Obispado.
El 24 de marzo se reúnen los patronos y albaceas de la Fundación Carlos de la Rica en su primera reunión anual donde se da cuenta de las gestiones llevadas a cabo y se informa del estado de la cuestión del legado de Carriedo. Parece que el asunto queda claro y un albacea se compromete a informar, al menos con el mismo entusiasmo que el manifestado en otras ocasiones, la aclaración de estos hechos. El Obispo escribe por estas mismas fechas a los herederos del legado para poder informar al Patronato y Albaceas en la próxima sesión.
La explicación oficial de Vicente Malabra concluye diciendo: “Parece que en este asunto son los herederos quienes deberían explicar las razones que los han llevado a trasladar la biblioteca de su padre a Valladolid ya que por parte del Patronato y la Diócesis en todo momento se han ido dando los pasos conducentes para la recepción del legado con máximo respeto y reconocimiento hacia los dueños del mismo como aparece en los sucesivos escritos”.
En el mes de julio de 2023 se celebró en Palencia, ciudad natal de Carriedo, una exposición titulada “Gabino-Alejandro Carriedo: Integridad y vanguardia”’, que fue instalada en el Centro Cultural Lecrác, con el declarado propósito de aspirar a hacer una revisión de la vida y la obra de este escritor, periodista y editor palentinos, de la mano de diversos manuscritos, fotografías, libros, dibujos, y correspondencia, además de seis paneles en los que seguir su particular trayectoria. Dicha muestra está diseñada por la Fundación Jorge Guillén y la Fundación Instituto Castellano y Leonés de la Lengua con la colaboración de la Junta y el Ayuntamiento de Palencia e incluye parte del material del archivo y de la biblioteca que la familia donó en 2001, todo ello coincidiendo con el centenario del nacimiento del escritor palentino.
En todo caso, parece que esto ya es historia, algo estrambótica en lo que se refiere al legado Carriedo, varios meses almacenado en Cuenca y finalmente trasladado a Valladolid, sin que ni siquiera nadie abriera las cajas para ver lo que había dentro. El obispado no tiene la culpa, la Fundación Antonio Pérez tampoco, la Diputación se lava las manos (todos inocentes, sin duda alguna), pero el hecho evidente es que la colección se evaporó y con ella el sueño de que en Cuenca se pudiera instalar una Biblioteca Internacional de la Poesía.
