
Carpeta, núm. 0, agosto 1981
Una de las singulares, curiosas, atrevidas y sugerentes aventuras, a la vez literaria y periodística que jalonan la historia reciente de la actividad cultural en Cuenca llevó por título Carpeta, con fecha de inicio el 15 de agosto de 1981, en un ejemplar sin número, al que siguió el 1 en diciembre de ese mismo año, el 2 en marzo de 1982 y el 3 en diciembre, en lo que fue un canto de cisne postrero y sin continuidad-.
Como en tantas otras ocasiones similares, no existe soporte empresarial en forma de entidad editora sino una persona en solitario, José Ángel García, que figura como editor en todos los números, contando como único mecanismo de financiación con el procedente de las escasas ventas que pudieran producirse y con la prestada por algunos generosos comerciantes, vía publicidad. Pocos mimbres para sostener una empresa que quiso alcanzar altos vuelos, apenas insinuados.
En el comentario editorial inicial, sin firma como es natural, pero en el estilo propio de José Ángel García, el impulso principal de la iniciativa alude a la importancia de las ilusiones que alimentan sueños quizá imposibles: “Demasiadas veces los deseos se nos mueren a flor de labios, a ruido de conversación, a mesa de tertulia sin que alcancen la mínima prueba del primer paso, del echar a andar. Carpeta nace hoy para probarse a sí misma que puede hacerlo; para mirarse en el espejo de su suerte y en él decidir su destino, su continuación y olvido. Si todo acto humano es siempre, gozosa e inevitablemente, en una u otra forma, en una u otra medida, un puro, inquietante experimento, éste, esta publicación que hoy ve la luz lo es, además, específica y voluntariamente”.
El primer número de la revista incluye en su plantel de colaboraciones la práctica totalidad de la nómina de quienes en esos momentos mantenían activa la cultura, específicamente la literaria, en Cuenca: Manu Aguilar, Carmina Álvarez, Jaime Azpilicueta, Mario Barahona, Ricardo Cantalapiedra, José María Cerezo, Alberto Martínez Casillas, Pedro Cerrillo, Alejandro Dolz, Soledad González Higueras, Julio Huélamo, El Manchas, Miguel Ángel Moset, José Luis Muñoz, Miguel Muñoz, José Ramón Núñez Astray, Miguel Ángel Ortega, Francisco Javier Page, Celso Rodríguez, Jesús Rojas, Antonio Santos, Vitejo y Ángel Luis Mota.
El trabajo que abre el número lleva por título “Apología de la creación”, con la firma de José Luis Muñoz, uno de los pocos casos en que este autor, o sea, yo mismo, se deja llevar por el territorio especulativo haciendo una especie de ensayo conceptual sobre las angustias y matices en que se desenvuelve un autor plantado ante la necesidad de tener algo que decir. Luego hay versos de Miguel Ángel Ortega y Francisco Page; un análisis sobre la actividad teatral a cargo de Manu Aguilar; otro de Pedro Cerrillo en torno a la recuperación del texto original de “Doña Rosita la soltera”, de García Lorca y otro sobre el mismo tema de Julio Huélamo Kosma. Versos de Jesús Antonio Rojas dan paso a un comentario analítico de José Ramón Núñez Astray en torno a la figura de Vargas Llosa, con un fragmento de “La tía Julia y el escribidor”. José María Cerezo comenta, entre serio e irónico, un grafiti callejero con la frase “Te echo de menos”; Alberto Martínez Casillas analiza la película “Excelentísimos cadáveres: los tentáculos del poder” y Ricardo Cantalapiedra especula en torno “Del sentimiento cítrico de la vida”. Nuevos versos de Trinidad González Higueras y Miguel Ángel Ortega preceden a una narración futurista de José Ángel García, “Cita en Lux”, seguida de poemas de Alejandro Dolz y Celso Rodríguez. Como se puede ver, un contenido denso, de temáticas variadas, siempre en torno a un eje común y con predominio absoluto de las preocupaciones literarias. Desde luego, se puede afirmar con total certeza, que fue una propuesta absolutamente radical e insólita en lo hasta entonces conocidos en el ámbito de Cuenca. En la portada de ese número inicial figura como ilustración un dibujo de Mario Barahona y en las páginas interiores hay dibujos de Vitejo, Antonio Santos, El Manchas y el propio Barahona. Este primer número tiene 34 páginas, en tamaño 20×30 cms. y se vendió al precio 150 pts.
Los defectos de este primerizo número, sobre todo en una desordenada confección estética, son reconocidos en el editorial del número 1, en el que se repiten conceptos anteriores para ratificar la bondad de la propuesta, que había recibido un valioso apoyo popular que animaba a sus impulsores a seguir la senda marcada. Ahora las cosas se aclaran, empezando por la fijación de un subtítulo: Revista de Literatura, a lo que se añaden oros detalles igualmente clarificadores. José Ángel García figura como editor-director y a su lado una redacción integrada por Pedro Cerrillo, Ángel Luis Mota, Celso Rodríguez y Francisco J. Page. En el interior hay textos de José Ángel García, Manuel Valladolid (un estudio sobre Vicente Aleixandre), Simón Guadalajara (otro estudio sobre Antonio Machado), un poema de Eduardo de la Rica; Antonio Martínez Sarrión (un estudio sobre Gabino Alejandro Carriedo); un poema de José Luis Lucas Aledón; una entrevista de José Ángel García con Gustavo Torner; versos de Rafael Alfaro y Francisco J. Page; un comentario critico sobre el libro “Crimenes y baladas”, de Francisco Umbral, editado por Olcades y otro de Celso Rodríguez en torno al libro “A salto de mata”, de José Antonio Gabriel y Galán al que sigue el que Ángel Luis Mota realiza sobre “Molino de tiempo”, de Meliano Peraile y José Ángel García sobre “Vacío perfecto”, de Stanislaw Lem. Un relato de Enrique Trogal, “En el lindero del bosque” y un texto teatral de Antonio Martínez Ballesteros, “Algo que no tiene gracia” dejan paso a una pequeña selección de libros de reciente aparición, para culminar con un comic de Benito. Por cierto, la portada de este número se abre con un dibujo de Antonio Santos y en el interior hay otros de Luis Ca, Manchas y Ortega.
Ese número 1 de Carpeta, verdaderamente sólido en sus contenidos y presentación, recibe la confirmación, aunque con un retraso de meses, en el número 2, con dibujo de portada a cargo de Julián Grau Santos y en el interior artículos de José Ángel García, Ángel Luis Mota, Alberto Martínez Casillas, Miguel Ángel Ortega, Carlos de la Rica, Manuel Gutiérrez Tuñón, Antonio Hernández Sánchez, Pedro Cerrillo, José Ramón Nuñez Astray con poemas intercalados de César L. Atienza, Amparo Ruiz Luján, Pedro Sánchez P. de Colosia, Alejadro Dolz, Francisco López, Juan Ramón Mansilla, Eduardo Crespo Greer, Celso Rodríguez, Jesús Antonio Rojas, para culminar con el comic de Benito. A lo largo de esas páginas, de un contenido magnífico, hay varios dibujos de El Manchas y uno de Francisco Ortega.
Debieron pasar seis meses más, que imaginamos agónicos en la mente y los bolsillos de quienes gestionaban la publicación, hasta llegar al número 3, que lleva fecha de diciembre de 1982, que se abre con un comentario editorial que ofrece al lector el impúdico desnudamiento de una preocupación que intenta superar la amenaza del inevitable fracaso. Cuenca, dice el editorialista, “no ha sido nunca fácil campo de batalla para ejecutorias y lances de esta índole”, porque aquí es frecuente pan nuestro de cada día la falta de apoyos, tanto particulares como institucionales. Pese a ello, la revista afronta una nueva salida “aún consciente de que su destino puede, muy probablemente, confirmarse en el pasmo en castigo que acecha siempre a tales resurrecciones” temiendo, como se dice en el comentario, que este nuevo y tercer número pueda ser el último definitivo, por lo que se apela a la colaboración de todos para conseguir mantener la publicación. Fue, desde luego, una esperanza cabalgando sobre la utopía.
En este número 3 hay una pequeña modificación en el cuerpo de Redacción, al que se incorporan dos nombres nuevos, Miguel Ángel Ortega y Juan Ramón Mansilla. En cuanto a los contenidos, comienza la serie Francisco Javier Page y le siguen Manuel Gutiérrez Tuñón (con un ensayo sobre las “Cartas Marruecas”, de Cadalso), José Villarta Moset (un artículo sobre Pérez de Ayala), un comentario sobre el primer libro de Carlos Morales, otro de Ángel Luis Mota en torno a la problemática del premio Planeta y una elucubración en prosa de José Ángel García. Intercalados con esos textos van poemas de Pedro Sánchez Pérez de Colosia. José Güyme, Juan Ramón Mansilla, Jesús Antonio Rojas, Enrique Trogal, Joaquín Benito de Lucas, un cuento de Antonio Cerrada Carretero, Miguel Ángel Ortega y Celso Rodríguez. La revista se ilustra con dibujos de Muñoz Robles, El Manchas, Víctor de la Vega, Yutaka Toyota
Y ese fue el canto de cisne de una de las aventuras más encomiables jamás conocidas en la ingrata tierra de Cuenca, donde campa generosamente la indiferencia, mientras el estamento oficial se deshace haciendo discursos en torno a las bondades de la cultura. En la despedida, el crítico Florencio Martínez Ruiz señaló que la revista nació «con una presentación atractiva y un pool de colaboradores importantes, pero apenas traspasó el rubicón de los enterados» (Florencio Martínez Ruiz, El Día de Cuenca, 22-02-1998). Y ese fue, finalmente, el epitafio de tan singular como arriesgada aventura literaria.
