José Luis Muñoz
De Juan José Gómez Brihuega (1941-2011) se puede decir sin ambages que se llevó a la tumba tal cantidad de conocimientos y sabiduría, suficientes para escribir una docena de libros, algunos de los cuales dejó esbozados y otros muy adelantados, a punto de publicar. Uno de esos trabajos, en los que yo personalmente había puesto especial empeño, ofreciéndose a editarlo, era un estudio sobre las cuatro Cantigas de Santa María referidas a Cuenca, escritas por el rey Sabio, Alfonso X. Cuando nos despedimos, el día anterior a su marcha al hospital de Albacete, tomando un café, me dijo muy serio: “Cuando vuelva te doy el trabajo”. Volvió envuelto en un sudario y ya no hubo tiempo para más. Pero me había adelantado las transcripciones ya preparadas y ese texto es una auténtica joya literaria que aquí y ahora voy a reproducir.
Un primer acercamiento al tema lo ofreció el profesor Gómez Brihuega a través de las páginas de El Día de Cuenca del 22 de agosto de 2002, ocasión en la que ofreció a los lectores en versión métrica, el texto de la cantiga 256, titulada Cómo Santa María guardó a la reina doña Beatriz de una gran enfermedad, porque oró a su imagen con gran esperanza.

En 1219, Fernando III casa con Beatriz, hija de Felipe de Suabia, más tarde emperador de Alemania, y en ese mismo año asiste a la colocación de la primera piedra de la catedral de Burgos. Dos años después, el 23 de septiembre de 1221, nace en Toledo su primogénito, Alfonso, jurado como heredero al año siguiente, en las cortes reunidas en Burgos. En 1224, el rey emprende una expedición en la que llega hasta la vega de Granada, demorándose su regreso al tener que tomar, tras un largo sitio, a Capilla, en 1226.
Tiene entonces Alfonso cinco años y es testigo presencial, en Cuenca, donde moraba su madre por indicación del rey, de la enfermedad extrema de ésta y de su curación milagrosa por obra de Santa María, episodio que recoge en la Cantiga 256. Por los años que debía tener Alfonso, unos cinco (“e pero era menino”), el peligro del malparto de la reina, que esperaba que la virgen le conceda larga descendencia “ca mui gran prol me terrá” (no olvidemos que tras Alfonso nacieron de este matrimonio Fadrique, Fernando, Enrique, Felipe, Sancho, Manuel, Leonor, Berenguela y María) y la presencia de afamados médicos franceses, hecho que confirma que debía esperarse lo peor, podríamos deducir que la intervención de la imagen de una virgen conquense (“sen outra ren”) fue efectivamente milagrosa.
No vamos a detenernos en la ingente labor cultural que desarrolló el rey Sabio a lo largo de su vida. Su reinado es una época intensa de actividades científicas y literarias. Reunió a su lado, en constante colaboración, a juglares y poetas, historiadores, jurisconsultos, traductores y hombres de ciencia. De su preferencia por las traducciones en prosa romance y de su tesón y ahínco nace la creación de nuestra prosa.
Fue el XIII un siglo de profundas renovaciones y nuevos encauzamientos de la vida toda en el que podríamos destacar dos hechos: el afianzamiento de las nacionalidades de los diversos países y el camino de sus monarquías hacia el mando absoluto, a favor del pueblo, frente a los señores feudales. Otro, el que produce la exclaustración de la vida intelectual, con la creación de las universidades; con ello se consolidan y fijan los nuevos idiomas derivados del latín, las llamadas lenguas romances.
En España, Alfonso VIII funda la más antigua de nuestras universidades o “Estudios Generales”, la palentina, que rivalizaría más tarde con la de Salamanca, creada por Alfonso IX, y con las que fomentó en Zaragoza, Lérida y Valencia, Jaime el Conquistador. Tampoco Fernando III olvidó las empresas culturales y artísticas, pues a él se deben el comienzo de las catedrales de Burgos y Toledo, la fusión de las universidades de Salamanca y Palencia y el hecho de convertir la lengua castellana en la oficial de su reino.
El castellano va sustituyendo paulatinamente al latín en las controversias religiosas, en las colecciones de apólogos y en las obras históricas. Luego, la Escuela de Traductores de Toledo es el lazo de unión entre las tres culturas que conviven en Castilla: latino-cristiana, islámica y hebrea; más tarde la ciencia jurídica abre más amplios cauces, llegándose así a las ingentes realizaciones de Alfonso X, el verdadero creador e inspirador de las prosas literarias en romance.
Desde joven, su educación fue excepcionalmente esmerada en el aspecto cultural: las materias del “Estudio General” le fueron familiares: lógica, gramática, retórica, aritmética, geometría, música, astronomía, derecho. Conocía perfectamente el árabe y ello le llevó a ordenar la traducción de la colección de apólogos titulada Calila e Dimna. Sus obras en prosa son más de dirección que de realización personal y constituyen un proceso cultural sin precedentes en el momento en que la sociedad castellana se hace eco de las inquietudes intelectuales y el ansia de saberes que conmueve a Europa y en este proyecto van a colaborar con el rey sabio de manera activa, judíos, cristianos y musulmanes. El fruto es un gran conjunto de obras científicas, jurídicas, históricas y literarias, en cuya elaboración participó directamente el monarca hasta los últimos momentos de su vida. Dice la General Estoria: “… el rey faze un libro, non porque él escriba con sus manos, más porque compone las razones dél, e las emienda, et yegua, e endereza, e muestra la manera de cómo se deben fazer, desi escribe las qui el manda, pero dezimos por esta razón: el rei faze el libro. Otrosí quando dezimos: el rey faze un palacio e alguna obra, non es dicho porque él lo ficiere con sus manos, más por qué mandó fazer e dío las cosas que fueron menester para ello…”
Pero Alfonso no recurre al castellano ni elige esta lengua cuando desea expresar sentimientos personales, sino al gallego. En sus Cantigas es por primera vez autor efectivo de una obra y es ésta la lengua que utiliza el monarca al dedicarse plenamente al género de la creación.
Casi dos siglos más tarde, el marqués de Santillana recordaba aún que “non ha mucho tiempo cualesquier decidores e trovadores destas partes, agora fuesen castellanos, andaluces o de la Extremadura, todas sus obras componían en lengua gallega o portuguesa”.
Las Cantigas de Santa María
Las Cantigas de Santa María forman un auténtico monumento lingüístico, poético y musical, además de ser un elemento de referencia religiosa, centrado en torno a la figura emblemática de María, la madre del Dios Hombre que marca de manera indeleble la fe de los cristianos. Constituyen una “vastísima compilación de leyendas medievales, milagros de Nuestra Señora y alabanzas y loores en su honor”. La colección comprende 420 composiciones que han llegado hasta nosotros merced a cuatro códices: el de la catedral de Toledo, dos de la biblioteca de El Escorial y uno de la biblioteca Magliabecchiana de Florencia.
El esbozo que ha hecho Valbuena nos parece suficientemente puntualizador; tras separar las “cantigas de loor” de las que narran un milagro, va agrupando a éstas en las de “tema personal, de hechos milagrosos y de devoción que atañen directamente al rey, de tema nacional, de milagros españoles, de tema cosmopolita o de leyendas extranjeras difundidas por toda la cristiandad”.
En cuanto a la métrica, siguiendo el estudio fundamental de J. Ribera (1922), “la inmensa mayoría de las Cantigas tienen la forma de zéjel de los moros españoles, que nació en Andalucía a fines del siglo IX o principios del X y consiste en una estrofilla temática, generalmente un dístico o pareado a la cabeza de cada cantiga que es el estribillo que canta el coro. Luego una estrofa compuesta por tres versos monorrimos seguidos de un cuarto con rima como la del estribillo para el cantor solista”. Este es precisamente el esquema métrico de la cantiga cuya versión abordamos inicialmente, la número 256.

Mención aparte merece la música. Recordemos una encantadora versión realizada hace por el Grupo de Música Antigua “Juan de Castro”, de la entonces Escuela Universitaria del Profesorado de EGB de Cuenca. Ella me ha guiado para la cadencia de mi versión.
Para mosén Higinio Anglés (1943) “tras la trascripción auténtica de las Cantigas ya no se podrá afirmar que su música sea exclusivamente árabe”: las Cantigas son el repertorio más importante de los publicados con respecto al origen de la canción popular europea, pues en él se hallan melodías populares antiquísimas anteriores a la cultura islámica. Dice: “Ninguna nación ha podido hasta aquí ofrecer una colección tan rica en consecuencias prácticas para la investigación del folklore musical europeo. No existe pueblo en el mundo que haya conservado por escrito colección alguna de sus cantos populares de hace mil años…”
Incluso se encontrarán en ellas recuerdos de melodías hasta hoy ignoradas de la canción épica y de los cantares de gesta; también la forma del rondel y del virolai formado por estrillo, estrofa y estribillo…, de secuencias medievales…, de los trovadorescos franceses…, de motetes de los polifonistas españoles y franceses y muestras de melodías de los trovadores provenzales.
Las representaciones de don Alfonso como trovador de Santa María parecen haber emanado de la voluntad regia y expresarían, sin duda, toda una actitud del mismo en sus relaciones con la virgen. En ellas podemos ver, en primer lugar, la misma devoción personal que presidió, seguramente, la realización de las Cantigas y que se refleja en una disposición de su testamento, el segundo y último, de enero de 1284, que dice lo siguiente: “Otrosí mandamos que todos los libros de los cantares de loor de Santa María sean todos en aquella iglesia do nuestro cuerpo se enterrare, e que los fagan cantar en las fiestas de Santa María. E si aquel que lo nuestro heredare con derecho e por nos quisiere haber estos libros de los cantares de Santa María, mandamos que faga por ende bien et algo a la iglesia donde los tomare porque los aya con merced e sin pecado”.
La colección acompañó al monarca durante largos años de su vida y hasta su muerte. Cuando yace enfermo y a punto de morir en Vitria y el arte de los médicos ya no le puede procurar alivio, manda que le pongan encima, en vez de paños calientes, “o livro das cantigas de Santa María”, por cuyo poder milagroso recobra la salud.
Las cuatro cantigas dedicadas a Cuenca
Cuatro son las cantigas alfonsinas cuya temática hace referencia o tienen su origen en hechos sucedidos en Cuenca, Uclés y Cañete.
La cantiga 97 relata cómo Santa María quiso librar de la muerte a un privado del rey que había sido calumniado, hecho que tiene por escenario la villa de Cañete, donde también se localiza la cantiga 162, protagonizada por la propia imagen de la virgen, al hacer que una imagen suya, que habían cambiado de un altar a otro, retornase al primero, sin duda preferido por ella. La cantiga de Uclés, la número 205, narra el milagroso rescate de una mora y de su hijo, durante el asedio a un castillo en tiempos de Fernando III. La cantiga 256, seguramente la más conocida y reproducida, recoge un suceso milagroso ocurrido en Cuenca mientras la madre del entonces joven Alfonso (tenía cinco años), la reina Beatriz de Suabia, se encontraba en la ciudad, contrayendo una grave enfermedad, que pudo superar gracias a la benéfica intervención de la virgen, seguramente la de la Luz.
A continuación se reproducen las cuatro cantigas, con la transcripción métrica llevada a cabo por el profesor Gómez Brihuega.
CANTIGA 97
Cómo Santa María quis guardar de morte
Un privado dun rey que o avian mezcrado.
A Virgen sempr´ acorrer,
acorrer
vai o coitad’, e valer,
e valer.
Dest’ un miragre vos contarey
que en Canete, per com’ achey,
a Virgen por un ome dun Rey
fez, que mezcraran, com’ apres’ ey;
e ben sey
que o cuidaran a fazer morrer.
A Virgen sempr´ acorrer,
De tal guisa o foron mezcrar,
que o mandou log’ el Rei chamar
ante si. Mas el con gran pesar
e con coita fillou-ss’ a chorar
e rogar
a Virgen quanto mais podo fazer.
A Virgen sempr’ acorrer,
Demais un rico pano y deu
na eigreja e fezo-sse seu
ome da Virgen, com’ aprix eu;
e est’ avia nome Mateu,
a ben leu
pode-l-an en cas del Rei connocer.
A Virgen sempr’ acorrer,
E pois na eigreja pos seu don
e fez chorando ssa oraçon,
meteu-sse ao camî’enton
con mui gran med’ en seu coraçon,
de lijon
ou de morte por tal mezcra prender.
A Virgen sempr’ acorrer,
E quand’ u era el Rei chegou,
seus omêes por el log’ enviou;
mas aa Virgen se comendou
muit’ el; des i ant’ el Rei entrou
e parou
s’ e pois começou-ll’ assi a dizer:
A Virgen sempr’ acorrer,
«Sennor, vos enviastes por mi,
e tanto que vossa carta vi,
vin quanto pud’, e áque-m’ aqui.»
E el Rei logo repos-ll’ assi,
com’ oy:
«Hua ren qurria de vos saber,
A Virgen sempr’ acorrer,
Se é verdade que tanto mal
fezestes, e tan descomunal,
como mi dizen.» Repos el: «Qual?»
El Rei contou-lle: «Tal e atal.»
Diss’ el: «Val-
me, Santa Maria, con teu poder!
A Virgen sempr’ accorrer,
Esto que vos disseron, Sennor,
mentira foi, non viste mayor;
e se a vossa mercee for,
meted’ y un voss’ enqueredor,
e mellor
podedes per y o feit’ entender.»
A Virgen sempre acorrer,
Repos el Rei: «Daquesto me praz,
e tenno que comprides assaz
e faze-lo quer’, u al non jaz.»
E mateu y un ome de paz
que viaz
fosse daquest’ a verdad’ enquerer.
A Virgen sempr’ acorrer,
Est’ ome punnou toste de ss’ ir
e fez gente da terra vîir,
que foron o feito descobrir
da verdad’ e de quanto mentir
e falir
foran al Rey. E fez-lo escrever
A Virgen sempr’ acorrer,
E enviou-llo. E pois abriu
el Rei aquel escrito e vyu
que ll’ end’ a verdade descobriu,
log’ enton todo mui ben sentiu
e cousiu
que falssidade foran apoer
A Virgen sempr’ acorrer,
A aquel om’.E logo poren
lle perdoou e fez-lle gran ben,
e os mezcradores en desden
tev’ e nunca por eles deu ren,
e des en
nonos ar quis de tal feito creer.
A Virgen sempr’ acorrer,
acorrer
vai o coitad’, e valer,
e valer.
Cantiga XCVII. Versión métrica
Cómo Santa Maria quiso guardar de la muerte
A un privado de un rey, al que habían calumniado
La Virgen siempre a acoger,
a acoger,
va al cuitado y valer,
y valer.
De esto, un milagro os contaré
que, en Cañete, por como hallé,
la Virgen por un hombre de un Rey
hizo, al que acusaran, como he
y bien sé
que tramaban hacerlo perecer.
La Virgen siempre a acoger,…
De tal guisa fueronlo a manchar
que luego el Rey lo hizo llamar
ante sí. Mas él, con grande pesar
y con cuita, se puso a llorar
y a rogar
a la Virgen cuanto más pudo hacer.
La Virgen siempre a acoger,…
Dió, por más, un rico brocado
a la iglesia y se hizo criado
de la Virgen, cual he hallado
y Mateo era nombrado
y al lado
en casa del Rey lo podrán conocer.
La Virgen siempre a acoger,…
Tras que en la iglesia puso su don
e hizo llorando su oración,
metióse en camino sin dilación
con muy gran miedo en su corazón
de lesión
o muerte por tal mancha padecer.
La Virgen siempre a acoger,…
Cuando donde estaba el Rey llegó
éste por él sus hombres envió;
mas a la Virgen él se encomendó
mucho; después ante el Rey entró,
se aprestó
y comenzó a hacerle así saber:
La Virgen siempre a acoger,…
«Habéis enviado, Señor, por mí,
y en tanto que vuestra carta ví
vine en cuanto pude y heme aquí.»
Y el Rey luego le repuso así,
como oí:
«Una cosa de vos querría saber
La Virgen siempre a acoger,…
Si es verdad que tan grande mal
hicisteis y tan descomunal
como me dicen”.Repuso: «Cuál?»
Y el rey contestóle: «Tal y tal».
Dijo él: ¡Val-
me, Santa María, con tu poder!
La Virgen siempre a acoger,…
«Esto que os dijeron, Señor,
fue mentira y no visteis mayor;
si vuestra merced cree de valor,
mandad allí un vuestro inquisidor
y mejor
podréis por él los hechos entender.»
La Virgen siempre a acoger,…
Repuso el Rey: «Esto me da solaz
y en ello tengo que cumplís asaz
y hacerlo quiero, si no hay minaz.»
Y metió allí un hombre de paz
que veraz
fuese a de esto verdad recoger.
La Virgen siempre a acoger,…
Este hombre se dispuso al punto a ir
y a gente de la tierra hizo venir,
que los hechos hicieron descubrir
de la verdad y de cuanto a mentir
y a fingir
fueran al Rey.Lo hizo en carta poner.
La Virgen siempre a acoger,…
Se lo envió. Y cuando abrió
el Rey aquel escrito y vió
que en él la verdad descubrió,
entonces todo aquello lamentó
y advirtió
la falsedad que le iban a aponer
La Virgen siempre a acoger,…
a aquel hombre. Y luego tambien
lo perdonó y le hizo gran bien
y a los calumniadores en desdén
tuvo y nunca les dió sostén
y dallén
nada de este hecho quiso creer.
La Virgen siempre a acoger,…
CANTIGA 162
Como Santa Maria fez a sa omagen que mudaran dun altar a outro que se tornass’ a seu logar onde a tolleran.
A sas figuras muit’ onrrar
devemos da Virgen sin par.
Ca en onrra-las dereit’ é
e en lles avermos gran devoçon,
non ja por elas, a la fe,
mas pola figura da en que son;
e sol non devemos provar
de as trager mal nen viltar.
A sas figuras muit’ onrrar…
E daquesto vos contarey
ora un mui gran miragre que fez
en Canete, per com’ achey
en verdad’, esta Sennor de gran prez
dûa omagen que comprar
foi un cavaleir’ e y dar
A sas figuras muit’ onrrar…
Na ssa eigreja, que está
fora da villa cabo un portal,
en que grandes vertudes á
que faz esta Sennor espirital.
Porend’ os gêollos ficar
foi e pose-a no mayor altar,
A sas figuras muit’ onrrar…
U esteve gran temp’ assi;
e Deus por ela miragres mostrou,
ta que un bispo vêo y
de Conca, que a toller en mandou
e pôe-l’en outro logar,
porque a non viu de bon semellar.
A sas figuras muit’ onrrar…
Ao crerigo capelan
mandou o bispo aquesto fazer,
e ele logo manaman
foi a omagen do altar toller;
mas en outro dia achar
a foi u x’ ante soya estar.
A sas figuras muit’ onrrar…
Quando o crerig’ esto vyu,
cuidou a pran que o fezer’ alguen,
a por aquesto comediu
que a omagen tornasse poren
u ll’ o bispo fora mandar
e a eigreja fosse ben serrar.
A sas figuras muit’ onrrar…
E ar fez come sabedor
e levou a chave; e pela luz
tornou y, quando o alvor
parecia, e achou ant’ a cruz
a omagen, e amostrar
a foi a quantos ss’ i foran juntar
A sas figuras muit’ onrrar…
Enton polas missas oyr,
E todos deron loor end’ a Deus
e a ela, que sen falir
mostra ali grandes miragres seus,
porque a vêen aorar
muitas gentes e do seu ofertar.
A sas figuras muit’ onrrar…
CANTIGA 162. Versión métrica.
Cómo Santa Maria hizo que su imagen, que habían cambiado de un altar a otro, retornase a lugar del que la habian quitado
A sus figuras mucho honrar A8
hemos de la Virgen sin par. A8
Porque honrarlas derecho es b8
y en ellas tengamos gran devoción, b10
no ya por ellas, a mi fe, b8
mas por la figura de la que son; b10
sólo no debemos probar a8
a maltraerlas o afrentar. a8
A sus figuras mucho honrar…
De todo esto, os contaré
un gran milagro que hizo esta vez
en Cañete, tal como hallé
en verdad, esta Dueña de gran prez
de una imagen que a comprar
fue un caballero y a ella dar
A sus figuras mucho honrar…
A su iglesia, que está
fuera de la villa, junto al portal
en que grandes virtudes va
haciendo esta Señora espiritual.
Allá fuese a arrodillar
y en el altar mayor fijar,
A sus figuras mucho honrar…
Por mucho tiempo estuvo así,
y Dios por ella milagros mostró,
cuando un obispo vino allí
de Cuenca, que quitarla mandó
y ponerla en otro lugar
que no la vió de buen semejar.
A sus figuras mucho honrar…
A un clérigo capellán
mandó el obispo todo esto hacer
y éste luego sin tardar
fue la imagen del altar a mover
al otro día la fue a hallar
donde antes solía estar.
A sus figuras mucho honrar…
Cuando el clérigo esto vió
creyó que fijo alguien lo hiciera
y por esto consideró
que la imagen al lugar volviera
que el obispo hiciera mandar
y la iglesia hizo cerrar.
A sus figuras mucho honrar…
Y obrando como sabedor
se llevó la llave; y con la luz
volvió allí cuando el albor
rayaba y encontró ante la cruz
la imagen que fue a mostrar
a cuantos se iban a juntar
A sus figuras mucho honrar…
entonces para las misas oir
Y todos por ello alabaron a Dios
y a Ella, que sin fallo allí
sus grandes milagros mostró
por lo que vienen a la adorar
muchas gentes y de lo suyo a ofertar.
A sus figuras mucho honrar…
Cantiga 205. De Uclés y de Calatrava.
Oraçon con piedade / oe a Virgen de grado
E guard’ à de mal por ela / o que ll’ é encomendado.
Ca aquestas duas cousas faz en mui compridamente
gaannar amor e graça dela, se devotamente
se fazen e como deven; e assi abertamente
parece a ssa vertude sobre tod’ ome coitado.
Oraçon con piedade /oe a Virgen de grado
E guard’ à de mal por ela / o que ll’ é encomendado.
E sobr’ aquest’ un miragre vos rogo que m(e) ouçades
que fezo Santa María; e se y mentes parades,
oiredes maravilla mui grand’ , e certos sejades
que per oraçon mostrada foi ante muit’ om’ onrrado.
Oraçon con piedade / oe a Virgen de grado
E guard’ à de mal por ela / o que ll’ é encomendado.
Na fronteira un castelo de mouros mui fort’ avia
que combateron crischâos que sayan de açaria
d’ Ucres e de Calatrava con multa cavaleria;
e era y Don Affonsso Telez, ric-ome preçado,
Que tragia gran conpanna de mui bôos cavaleiros,
ardidos e arrizados, e demais bôos guerreiros
e almogavares muitos, peôes e baesteiros,
per que o castelo todo muit’ agïa foi entrado.
Oraçon con piedade / oe a Virgen de grado
E guard’ à de mal por ela / o que ll’ é encomendado.
O castelo fortemente foi derredor combatudo
e os muros desfezeron. ond’ en gran medo metudo
foi o poblo que dentr’ era; e pois que sse viu vençudo,
colleu-sse a hûa torre mui fort’. E de cada lado
Na torre meteron cavas e fogo pola queimaren;
e os mouros que dentr’ eran, por sse mellor ampararen
do fogo, ontr’ as amênas punnavan de sse deitaren;
e assi morreron muitos daquel poblo malfadado.
Oraçon con piedade / oe a Virgen de grado
E guard’ à de mal por ela / o que ll’ é encomendado.
Con esta coita tan grande do fogo que os cegava
e d’outra parte do fogo que os mui forte queimava,
hûa moura con seu fillo, que mui mais ca si amava,
sobiu-sse con el encima, que lle non foss’ afogado.
Oraçon con piedade / oe a Virgen de grado
E guard’ à de mal por ela / o que ll’ é encomendado.
E ontre duas amêas se foi sentar a mesquïa
con seu pequenïo que en seus braços tîia;
e pero que mui gran fogo de todas partes viynna,
a moura non foi queimada nen seu fillo chamuscado.
Oraçon con piedade / oe a Virgen de grado
E guard’ à de mal por ela / o que ll’ é encomendado.
O maestre Don Gonçalvo Eanes de Calatrava,
que en servir Deus en mouros guerrejar se traballava
e porend’ aquela torre muito conbater mandava,
e outrossi Don Alffonsso Te1ez, de que ei falado,
E quando viron a torre que era toda cavada
e viron ontr’ as amêas aquela mour’ assentada,
seme11ou lles a omagen de com’ está fegurada
a Virgen Santa Maria que ten seu Fill’ abraçado.
Oraçon con piedade / oe a Virgen de grado
E guard’ à de mal por ela / o que ll’ é encomendado.
E ouveron piadade eles e quantos crischâos
a viron, e con gran doo alçaron a Deus as mâos
que os de morte guardasse, pero que eran pagâos;
e desto quis Deus que fosse un gran miragre mostrado.
Oraçon con piedade / oe a Virgen de grado
E guard’ à de mal por ela / o que ll’ é encomendado.
E daquela part’ a torre u eles eran tan passo
se leixou vîir a terra sobr’ un gran châo devasso
que neû deles morto non foi, ferido nen lasso,
nena madre neno fillo; mas pousou-os en un prado
A Virgen Santa María, a que por e1a rogavan
os crischâos. Poren todos muito sse maravillan;
a ela e seu Fillo mui grandes loores davan,
e a moura foi crischáa e seu fillo batiçado.
Oraçon con piedade / oe a Virgen de grado
E guard’ à de mal por ela / o que ll’ é encomendado.
Cantiga 205. Versión métrica
La plegaria con piedad / oye la Virgen de grado
Y guarda de mal por ella / al que le es encomendado.
Porque aquestas las dos cosas / hacen muy cumplidamente
Ganar amor y la gracia / de ella, si devotamente
Las hacen como las deben / y entonces, abiertamente,
Aparece su virtud, / para todo hombre cuitado.
La plegaria con piedad / oye la Virgen de grado
Y guarda de mal por ella / al que le es encomendado.
Y sobre esto, un milagro,/ os suplico que me oigáis
Que hizo Santa María / y, si en él mientes paráis,
Oiréis grandes maravillas / y asegurados quedáis
Que gracias a la oración / queda el hombre muy honrado.
La plegaria con piedad / oye la Virgen de grado
Y guarda de mal por ella / al que le es encomendado.
En la frontera un castillo / de moros muy fuerte había
Que combatieron cristianos / que andaban de correría
Desde Uclés y Calatrava / con mucha caballería.
Y allí estaba Alfonso Téllez, / rico hombre muy preciado
Que traía gran compaña / de muy buenos caballeros
Valerosos y arriesgados / y , además, buenos guerreros
Con almogávares tantos, / peones y ballesteros
Con los que el castillo todo, / muy pronto fue asaltado.
La plegaria con piedad / oye la Virgen de grado
Y guarda de mal por ella / al que le es encomendado.
El castillo fuertemente / fue en derredor embatido
Y los muros deshicieron, / donde en gran miedo metido
Fue el pueblo que dentro estaba: / Y cuando se vió vencido
Se refugió en una torre / muy alta. De cada lado
De la torre hicieron minas / y fuego por la quemar;
Los moros que dentro eran / para mejor escapar
Del fuego, entre las almenas / se intentaban refugiar
Y así sucumbieron muchos / de aquel pueblo malhadado.
La plegaria con piedad / oye la Virgen de grado…
Con esta cuita tan grande / del humo que los cegaba
Y por otra parte el fuego, / que muy fuerte los quemaba,
Una mora con su hijo, / a quien más que a sí amaba,
Subióse con él encima, / porque no fuera quemado.
La plegaria con piedad / oye la Virgen de grado
Y guarda de mal por ella / al que le es encomendado.
En medio de dos almenas / se fue a sentar la mezquina
Con su hijo pequeñito / que entre los brazos tenía;
Y pese a que grande fuego / de todas partes venía
La mora no fue quemada / ni su hijo chamuscado.
La plegaria con piedad / oye la Virgen de grado
Y guarda de mal por ella / al que le es encomendado.
El maestre Don Gonzalvo / Eanes de Calatrava
Que en guerrear a los moros / sirviendo a Dios trabajaba
Y, por ende, aquella torre / atacar sin fin mandaba
Y también Alfonso Téllez, / del que antes he hablado
Cuando miraron la torre / que entera estaba minada
Y entre las almenas vieron / a aquella mora sentada,
Se les semejó una imagen / tal como va figurada
La Virgen Santa María, / que tiene al hijo abrazado.
La plegaria con piedad / oye la Virgen de grado
Y guarda de mal por ella / al que le es encomendado.
Hubieron piedad de ellos / todos aquellos cristianos
Que lo vieron y con pena / alzaron a Dios las manos
Que de muerte los guardara / a pesar de ser paganos:
Y de esto quiso Dios / que naciera un gran milagro.
La plegaria con piedad / oye la Virgen de grado
Y guarda de mal por ella / al que le es encomendado.
La parte de aquella torre, / donde estaban, paso a paso
Se dejó caer a tierra / sobre el llano de debajo
Y ninguno de los dos / fue muerto, herido ni laso,
Ni la madre ni su hijo, / pues púsolos en un prado
La Virgen Santa María / a quien por ella rogaban
Los cristianos.Y por ello, / todos se maravillaban;
Para Ella y a su Hijo / muy grandes loores daban;
La mora se hizo cristiana / y el hijo fue bautizado.
La plegaria con piedad / oye la Virgen de grado
Y guarda de mal por ella / al que le es encomendado.
CANTIGA 256
Como Santa Maria gaureceu a reyna dona Beatriz de grand’ enfermidade, porque aorou a sa omage con grand’ esperança.
Quen na Virgen groriosa / esperança mui grand’ á,
macar seja muit’ enfermo, / ela mui ben o guarrá.
E dest’ un mui gran miragre / vos quero dizer que vi,
e pero era menino, / membra-me que foi assi,
ca m’estava eu deante / e todo vi e oý,
que fez(o) Santa Maria / que muitos fez e fará.
Quen na Virgen groriosa / esperança mui grand’ á…
Esto foi en aquel ano / quando o mui bon Rei ganou,
Don Fernando, a Capela / e de crischanos poblou;
e sa moller, A Reynna / Dona Beatriz, mandou
que fosse morar en Conca, / enquant’ el foi acolá
Quen na Virgen groriosa / esperança mui grand’ á…
Aa ost’. E seu mandado / fez ela mui volonter;
e quando foi na cidade, / peor enferma moller
non vistes do que foi ela; / ca pero de Monpisler
bonos fisicos y eran, / dizian: “Non viverá.!”
Quen na Virgen groriosa / esperança mui grand’ á…
E porque esto dizian / non era mui sen razon,
ca d’aver ela seu fillo / estava ena sazon;
e avia tan gran fever, / que quena viya enton
dizia: “Seguramente, / desta non escapará.”
Quen na Virgen groriosa / esperança mui grand’ á…
Mas la Reyna, que serva / era da que pod’ e val,
Virgen santa groriosa, / Reynna espirital,
fez trager huna omagen, / mui ben feita de metal,
de Santa Mari’ e disse: / “Esta cabo mi será.
Quen na Virgen groriosa / esperança mui grand’ á…
Ca pois eu a sa fegura / vir, atal creença ei
que de todos estes maes / que atan toste guarrei;
porend’ a mi a chegade / e logo lle beijarei
as sas manos e os pees, / ca mui gran prol me terrá.”
Quen na Virgen groriosa / esperança mui grand’ á...
E tod’ est’ assi foi feito; / e logo, sen outra ren,
de todos aqueles maes / gauriu a Reyna tan ben
per poder da Groriosa, / que nada non sentiu en.
Poren será de mal siso / o que a non loará.
Quen na Virgen groriosa / esperança mui grand’ á...
Cantiga 256. Versión métrica
Como Santa María guardó a la Reina Doña Beatriz de una gran enfermedad, porque oró a su imagen con gran esperanza.
Quien en la Virgen gloriosa // muy grande esperanza ha
por muy enfermo que sea // ella bien lo guardará.
Y desto un muy gran milagro / os quiero contar que ví,
y aunque era muy pequeño, / recuerdo que fue así,
porque yo estaba delante / y todo lo ví y oí,
que hizo Santa María / que muchos hace y hará.
Quien en la Virgen gloriosa // muy grande esperanza ha…
Pasó esto en aquel año / cuando el muy buen Rey ganó,
Don Fernando, a Capela / y de cristianos pobló;
y a su mujer, la Reina / Doña Beatriz mandó
que fuese a morar en Cuenca / en tanto que él acullá
Quien en la Virgen gloriosa // muy grande esperanza ha…
era en esto. Su mandado / ella hizo con placer;
cuando en la ciudad se hubo, / más enferma una mujer
nunca visteis como ella; / pues hasta de Monpisler
buenos físicos que eran, / decían: “No vivirá.”
Quien en la Virgen gloriosa // muy grande esperanza ha…
Y por qué esto decían / no era muy sin razón
pues de alumbrar a un su hijo / ella estaba en la sazón;
tan gran calentura había / que quien entonces la vió
decía: “Seguramente, de esta no escapará.”
Quien en la Virgen gloriosa // muy grande esperanza ha…
Mas la Reina, que la esclava / era de quien puede y val,
Virgen santa gloriosa / Y Reina espiritual,
hizo traer una imagen, / muy bien hecha de metal,
de Santa María y dice: / “Esta a mi lado estará,
Quien en la Virgen gloriosa // muy grande esperanza ha…
Después que yo su figura / he visto, tengo tal fe
que de todos estos males / que tengo pronto saldré;
Por ello, me la allegáis / y luego le besaré
los sus pies y las sus manos / que gran prole me dará.”
Quien en la Virgen gloriosa // muy grande esperanza ha…
Todo esto así fue hecho; / y luego sin más sostén
de todos aquellos males / sanó la Reina tan bien,
por poder de la Gloriosa, / que nada sintió dallén.
Por ello de poco seso / es quien no la loará.
Quien en la Virgen gloriosa // muy grande esperanza ha…
Ediciones de las Cantigas
Cantigas de Santa María de Don Alfonso el Sabio. Madrid, 1990. Real Academia Española/Caja Madrid. Edición facsímil de la publicada en 1889 por la Real Academia Española.
Cantigas. Edición de Jesús Montoya. Madrid, 2002; Cátedra. Colección Letras Hispánicas
Bibliografía
Marqués de Valmar, Estudio histórico, crítico y filológico sobre las Cantigas del rey don Alfonso el Sabio. Madrid, 1897. Real Academia Española, 1897, 400 págs.
[Esta página web es de acceso libre y gratuito. Los textos recogen la opinión independiente de su autor, y no están condicionados por la publicidad comercial ni institucional. Las referencias deben mencionar el nombre del autor y la ubicación https://olcades.es/panel-de-letras/]
