Aranda Toledo, Emilio

N. Torrijos, Toledo, 15-05-1868 / M. después de 1939

Profesor de Lengua y Literatura y de Latín, su carrera docente está plagada de traslados y nombramientos, itinerario en el que pasó dos veces por Cuenca. Aquí llegó como Auxiliar Supernumerario de la Sección de Letras (1891), de donde pasó a Auxiliar numerario (1895) en el que estuvo solo unos meses, trasladado a La Coruña. Es en esa etapa cuando publica su única obra conocida, Gramática latina elemental para servir de texto a los Institutos de Segunda Enseñanza y con sujeción a las últimas disposiciones del ministerio de Fomento, impresa en Cuenca en 1895 en los talleres de Celedonio León, que firmó junto con Emilio Sánchez Vera y de la que se hicieron otras ediciones posteriores (La Coruña, 1896; Palencia, 1897) pero de las que desaparece el nombre de Sánchez Vera. La carrera del profesor sigue luego un itinerio geográfico sorprendente: Logroño, San Sebastián, Toledo, Madrid, La Coruña, Jaén, Soria. En 1913 consiguió el ingreso en el cuerpo de Catedráticos de Latín, con destino inicial en Cabra y en seguida Baeza (1919), donde coincidió con Antonio Machado y siguió por Teruel (1924), Reus (1925), Huesca (1928), Albacete (1928) para volver a Cuenca, ahora ya con su nueva categoría, en 1931 y hasta 1934 en que fue trasladado a Calatayud (1934) y Cabra (1934) en lo que sin duda debe ser una de las carreras administrativas más agitadas que se conocen. En este ajetreado viaje se sabe que consiguió que Rubén Darío, por mediación de Antonio Machado, recomendarse al gobierno nicaragüense su libro para ser utilizado en el sistema de enseñanzas medias del país centroamericano. Al terminar la guerra civil fue depurado pero sin ninguna consecuencia, ya que se le concedió la jubilación con fecha de 1938, tras la que su rastro se pierde por completo.