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Editorial Olcades

Editorial Olcades: el portal de las letras en Cuenca

UNA IGLESIA ENTRE AROMAS DE MIMBRERAS

ALBALATE DE LAS NOGUERAS -
 

            Envuelve la visión de Albalate de las Nogueras un aroma de suave encantamiento, como de cuento de hadas ambientado en tiempos remotos, con la espadaña triangular de su iglesia dominando el cerro a cuyos pies se extiende, en forma ordenada, la distribución de calles en orientación casi paralela, por las que el ser humano puede pasear al hilo de amables ensoñaciones mientras siente el remoto latido de quienes en lo antiguo, muy atrás en el tiempo, poblaron estos espacios. Lo dice ya, de manera muy explícita, el propio nombre del lugar, al-balat, el camino, voz árabe quizá alusiva a una anterior calzada romana que por aquí buscaría senderos, desde el corazón de la Serranía hasta la poderosa Ercávica, no muy alejada. Rodeando el espolón que ocupa el casco urbano se encuentra el río Trabaque, que viene desde Villaconejos formando bellísimos cultivos de mimbre, de cromatismo variado según las épocas del año; un viejo puente medieval, el del Nogueral, explica de manera muy expresiva la antigüedad de la villa, en la que fueron dejando su rastro las sucesivas civilizaciones.

            A una de ellas, la medieval, corresponde la construcción inicial de la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, siempre observadora desde la cumbre del cerro, mostrando a los alrededores, con orgullo, su bella espadaña románica de tres huecos bajo la que abre su mirada vertical una encantadora ventana gótica, pues a ambos estilos medievales se debe la primitiva definición arquitectónica del edificio. Hasta ella se llega fácilmente, sin mucho esfuerzo, pues nunca lo tiene el pasear de manera pausada, siguiendo el ritmo que marcan las calles, orientadas de forma longitudinal para quedar adosadas a la superficie del promontorio en cuyo segmento más alto espera la iglesia, en la plaza. Como corresponde a calles de origen medieval, aunque muy modernizadas por la evolución de los tiempos, siguen líneas irregulares en las que pueden verse, o quizá adivinarse, algunos buenos ejemplos de la construcción antigua. Y así, al amparo de un encanto intangible, que lo será más aún cuando termine de desarrollarse el proyecto de hacer de Albalate de las Nogueras una librería urbana total, un pueblo-libro, puede alcanzarse el nivel donde espera la iglesia, una de esas pequeñas maravillas en las que la mirada puede rastrear sin sorpresa la señal de la obra bien hecha.

Es de origen medieval, como ya queda indicado y de ese periodo conserva las dos portadas, además de los elementos citados, la espadaña y la ventana bajo ella pero luego fue adaptada bajo inspiración renacentista y barroca, hasta dar con el resultado actual, sin que desentonen los diversos elementos integrados con armoniosa improvisación, como si las diversas manos que intervinieron a lo largo de los siglos para dar la forma definitiva al edificio fueran conscientes de su responsabilidad para mantener íntegra la belleza y el equilibrio como principios inspiradores que nunca deberían alterarse. Y si queremos aplicar esa afirmación a un elemento concreto, veamos la cornisa de canecillos que corre por todo el perímetro bajo la cubierta, un prodigio de minuciosidad y artificio, combinando alternativamente motivos vegetales con cabecitas de animales. Los amigos de fantasías quisieran que el cardenal Gil de Albornoz hubiera participado en la consagración de esta iglesia, asegurando que en ella empezó, como párroco, su brillante carrera eclesiástica, pero cien años de diferencia entre la época de construcción y la vida del cardenal dificultan ciertamente la credibilidad de semejante hipótesis. Innecesaria, por otro lado, porque en nada influye en la consideración admirable que suscita la visión de este hermoso y equilibrado templo, tan sencillo como todo lo medieval, tan elegante como todo lo renacentista, tan sugerente e imaginativo como lo barroco. Que de todo hay aquí, en la cumbre del empinado cerro a cuyo amparo crece y vive Albalate de las Nogueras.