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Editorial Olcades

Editorial Olcades: el portal de las letras en Cuenca

LOS ABRIGOS RUPESTRES DE VILLAR DEL HUMO

VILLAR DEL HUMO -
 

            Probablemente, ningún ser humano puede evitar un estremecimiento de emoción al encontrarse, frente a frente, con los sencillos trazos de unos dibujos, que reflejan a veces escenas y figuras de la realidad (un animal, una cacería) pero también en otras unos signos cabalísticos, incomprensibles, que transmiten algún tipo de sentimiento interior o de creencia religiosa. Son las primeras señales visibles de que esos seres humanos, nuestros antepasados más remotos, empezaban a desarrollar los ingredientes esenciales de la inteligencia: la capacidad de pensar, el ánimo de comunicar, la habilidad artística. Durante miles de años, esos abrigos prehistóricos permanecieron ignorados, a pesar de que estaban a la vista, pero ya sabemos que además de ver hay que saber mirar. Eso hizo un día de 1917 el ingeniero Enrique O’Kelly cuando, paseando a caballo por las breñas serranas entre Pajaroncillo y Villar del Humo, encontró los abrigos de Selva Pascuala, en término de este último pueblo, y que de inmediato llamaron la atención de los expertos, tan pronto se difundió la noticia.

            178 figuras de animales y seres humanos, pintadas en las piedras de doce cuevas o refugios cavernosos, forman este espléndido conjunto rupestre. Pertenecen al estilo levantino y su antigüedad se remonta a un espacio de tiempo comprendido entre el Mesolítico y la Edad de Bronce (aproximadamente, entre el 10.000 y el 1.500 antes de Cristo). Al abrigo inicial se añadieron pronto otros próximo, como Peña del Escrito, Fuente de la Selva, Cueva del Bullón, Marmalo, Castellón de los Machos, Peña del Castellar, Collado del Toro.      El 2 de diciembre de 1998, la Unesco decidió otorgar su máxima protección, la de Patrimonio de la Humanidad, en favor de las pinturas rupestres de estilo levantino entre las que se incluyen los yacimientos de Villar del Humo. Los once abrigos rupestres catalogados se encuentran en las estribaciones de la sierra de Las Cuerdas, en el seno de un paraje abrupto y de difícil acceso, en una pequeña zona amesetada, bajo el cerro de la Peña Alta y próximos a la Torre Barrachina, todo ello siguiente el rastro del río Mesto.

            Los abrigos y sus aportaciones pictóricas nos hablan de la existencia de un pueblo esencialmente cazador en el que, sin embargo, se apuntan ya los primeros indicios de una cultura agrícola y sedentaria, con atisbos iniciales de cultivos y animales domésticos.

            Las pinturas, en las que dominan los tonos rojos, tienen como elementos casi únicos animales (toros, cérvidos), algún cazador y figuras geométricas. Casi todas están al aire libre, aunque algunas permanecen en la oscuridad interior de varias cuevas. Como ocurre con todas las que forman el repertorio del arte rupestre español, estas pinturas reflejan un sistema primitivo, pero eficaz, de expresar ideas a través del grafismo, por más que no siempre acertemos a identificar qué tipo de pensamientos querían transmitirnos aquellas lejanas personas. Hay escasas representaciones humanas, siempre muy simplificadas y por lo general en actitudes de caza pero también algunas que pueden reflejar algún tipo de sentimiento religioso. Son figuras planas, en tonos rojizos, algunas en posición de movimiento que demuestra en el anónimo artista cierta capacidad para investigar en las formas pictóricas. Más difíciles de interpretar son algunos signos ideográficos, formados por líneas, puntos y círculos, cuya simbología se nos escapa.

            Las pinturas rupestres de Villar del Humo no son las únicas existentes en la provincia de Cuenca. En fechas posteriores del siglo XX se han encontrado otras en un abrupto paraje de las Hoces del Cabriel, en el término de Minglanilla y en otro apartado rincón de Henarejos, todas ellas vinculadas al arte levantino.

Cómo llegar

            Villar del Humo se encuentra en un arriscado paraje de la Serranía de Cuenca, al que se llega por la carretera provincial CUV 5014, entre Campillos Paravientos (en la CM 215) y Cardenete (en la CM 2109). Al paraje donde se encuentran los abrigos rupestres es preciso llegar con la compañía de un guía experto, que se localiza en el propio pueblo y que traslada a los viajeros en un todo terreno.