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Editorial Olcades

Editorial Olcades: el portal de las letras en Cuenca

HUETE: EL CONVENTO DE LA MERCED

HUETE -
 

            El problema básico de Huete, como el de casi todas las ciudades cargadas de edificios monumentales, es qué hacer con ellos, como mantenerlos en pie, qué utilidad pueden proporcionar desde planteamientos modernos, una vez cancelada su original función, casi siempre religiosa, cómo adaptarlos a nuevos fines y, en definitiva, con qué mecanismos poder sostenerlos en correctas condiciones de visibilidad. Porque con frecuencia cuando se va de visita a un lugar, con el plano en la mano, cargado de numeritos que marcan los rincones en que hay algo digno de ver  al llegar al lugar señalado encontramos una ruina, un paredón agrietado, una columna desmochada, la desilusión es enorme. Al que fue convento mercedario la administración le encontró rápido uso, mediante la acumulación de organismos de todo tipo que allí conviven en curiosa amalgama, no siempre ordenada. A dotarlo de una orientación estrictamente cultural, más acorde con la esencia del edificio, vino el Museo de Arte Contemporáneo Florencio de la Fuente, inaugurado en 1990 y formado por la colección personal del promotor, un hombre inquieto, siempre insatisfecho y buscador de nuevos horizontes, incansable en la formulación de ideas, con un entusiasmo que no decayó a pesar de los años y que mantuvo activo hasta su muerte. La presencia de este museo en Huete es un elemento capital para dinamizar la vida de una ciudad que por las circunstancias de los tiempos, tan cambiantes, sufrió un enorme desplazamiento en su capacidad de influencia sobre el entorno. Otros museos, como el Etnológico y el de Arte Sacro, también situados en el mismo edificio, completan una propuesta que merece un largo momento de atención, dentro del detenido tiempo necesario para recorrer las calles y los ámbitos de un lugar merecedor como pocos de ser conservado lo más dignamente posible, aunque ello exija -y lo hace, sin duda alguna- una importante inversión económica y un constante esfuerzo de atención por parte de quienes en cada momento son responsables de conseguirla. A ellos se ha añadido recientemente otro museo más, el de Fotografía, instalado en otro edificio monumental, el convento de Jesús y María.

            El complejo presenta dos partes bien definidas: la iglesia y el convento. Las comentaré por separado.

            1) El convento es un enorme edificio rectangular, de tres pisos, fábrica de sillería, con balcones en dos de ellos y ventanas enrejadas en el superior formando en conjunto una impresionante muestra de regularidad arquitectónica clásica. En su interior destaca la gran sala capitular, en la que se celebraron varios capítulos generales de la Orden de Mercedarios. Hay también dos patios, uno de gran tamaño que se corresponde con el estilo de la fachada y otro más pequeño, construido en el siglo XVII, con un claustro cerrado en el que se alternan el ladrillo y la piedra, diseñado por Cosme de Peñalacía. Según Ponz “en el claustro están puestas algunas pinturas de los asuntos mismos que hay en el de la Merced de Madrid y algunos no están mal hechos”. Otro elemento destacado es la espléndida escalera de honor, de tipo imperial, con dos tramos, por la que se accede a los pisos superiores.

2) La iglesia fue construida entre 1668 y 1684, por iniciativa de Fr. Bernardo Briones, que financió la obra, siendo su autor el arquitecto madrileño José de Arroyo, que aplicó aquí un diáfano e inconfundible estilo barroco. Seguramente se eligió el mismo solar en que había estado la ermita de Santa Quiteria, celebrándose con grandes festejos la inauguración del nuevo templo, el 9 de abril de 1684. La iglesia se encuentra en la parte norte del complejo conventual y en la actualidad cumple las funciones de iglesia parroquial, con la advocación de San Esteban Protomártir y en ella se conserva la imagen de la Virgen de las Mercedes, que quedó instalada en ese lugar desde el primer momento. Posteriormente, hacia 1754 se construyó la capilla mayor con un camarín especial para la virgen, que fue trasladada a él en 1774. La iglesia es de planta de cruz latina, cubierta con bóveda de cañón y lunetos con una gran cúpula de media naranja en el crucero, capillas laterales y coro con sillería de madera labrada. En la actualidad sólo se puede acceder a ella por la portada principal, ya que han sido canceladas las vías de comunicación interior con el convento. Esta portada principal está formada por un zaguán de planta trapezoidal al que se llega tras cruzar una sólida estructura de piedra de sillería labrada, formada por dos pilastras dóricas con abundancia de ornamentes y escudos cerrada por un potente dintel.

Es templo de tres naves. La principal, los brazos del crucero y el presbiterio se cubren con bóveda de cañón, con lunetos apuntados en la intersección con los arcos de los huecos laterales. Las capillas se cubren con bóvedas de arista. El crucero, con una cúpula de media naranja sobre pechinas. Al fondo del presbiterio había un camarín para alojar la imagen y debajo había una pequeña cripta para enterramiento de los monjes. El coro se sitúa a los pies, ocupando los dos primeros arcos de la nave, en posición elevada y con apoyo en arcos rebajados. La antigua sacristía, fechada en 1754, contiene un retablo manierista con tablas de Pedro Muñoz de Aguilar; se encontraba en una delicada capilla clásica.

            De visita a Huete es imprescindible pasar un buen rato contemplando La Merced, por fuera y por dentro.